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La Raclette 2

La Raclette 2

Pequeño prólogo erudito:
La historia de la cocina comienza el mismo día que el hombre aprendió a dominar el fuego y a utilizarlo como elemento transformador de los alimentos. Pasar del frío al caliente, del crudo al no crudo, significó para nuestro antepasado dejar de ser un mísero atapuerco y convertirse en un homo sapiens, hombre con saber y con sabor, un homo sápido y sabio, por lo menos para lo que entonces había suelto por ahí. Y desde entonces, el secreto de cocinar se ha dividido en dos grandes disciplinas: el arte de cocer y el arte de asar. O lo que es lo mismo, calentar el alimento en compañía de líquido (agua, aceite o grasa) o por el contrario dejarlo solo ante el calor, para que se haga en su propia sustancia. Estas dos formas, bien diferentes, de cocinar exigían dos formas, también diferentes, de manejar el fuego: Para cocer, fuego abajo. Para asar, fuego arriba.

Lo peor de todo.
De entrada, hemos de admitir que el único defecto de la Raclette es su nombre. Una auténtica caca de nombre. Evidentemente es francés y suena a mariconada. (Oye, cariño, ¿quieres que te haga una raclette en la trasera del coche?) Eso es lo malo que tienen los franceses: hacen cosas geniales, pero las nombran fatal. Yo la llamo Raclé que recuerda a guitarrista gitano: (Seguidamente escucharemos unas bulerías del Puerto en la voz de Enrique Morente, acompañado a la guitarra por Raclé de Algeciras.) Mi hija Paula la llama “raglete” con ge de gemido, y Carlos la acaba de joder, al traducir del francés literalmente y la ha llamado “reglita”. Un desastre. Pero es un detalle nimio, sin trascendencia alguna. Por ejemplo, si la chica está buenísima y se llama Policarpa, te enamorarías de ella, ¿no es cierto, Carlos? Efectivamente, no es cierto. Sigamos. No la llamemos Raclette, llamemosla, simplemente Ella.

Lo mejor de todo.
Corriendo un tupido velo por el puto nombre de la cosa, lo mejor de todo es todo lo demás.

Primero. Ella es una cocina completa que no está en la cocina sino en el centro de la mesa, porque lleva calor propio, vía enchufe. (Los cucudrulus que habitan en el pantano de platos fangosos ahora nos miran con envidia, porque no pensamos entrar más en ese reducto infame que comenzó llamándose cocina y ahora es un cubo de basura en forma de habitación, una vez que hayamos solucionado, claro está, el pequeño, pero esencial detalle de trasladar el frigo al comedor, porque es su sitio natural)

Segundo. En Ella pueden cultivarse a la vez las dos grandes disciplinas del arte de los fogones: Asar y cocer. Porque Ella está caliente por dos sitios distintos a la vez. Por abajo, dando calor a una piedra o plancha, para que puedas cocer o freír lo que quieras y por arriba, convirtiéndose en un horno al grill que lo asa todo. (A poco que cojas el puntito, el Arguiñano se va al carajo)

Tercero: Ella soluciona, ¡milagro de milagros de la simplicidad del huevo de Colón! un grave problema del que todos hemos sido víctimas: Cómo no tomar fríos los últimos trozos de ese inmenso filete a la plancha, a no ser que lo devores como un pavo, y no participes en la conversación de tus comensales. Porque Ella, en vez de pantagruélicos platos, delicadamente, con mucho mimo, te prepara, bien por arriba, bien por abajo, pequeños bocaditos, bocatini di Cardinali, y lo que comes, lo comes bien caliente, que te da más gusto.

Cuarto. A estas alturas de la copla, te habrás dado cuenta de que si, estando ella, alguien pone platos, seguro que será un vicioso del Mistol, porque, en realidad, ni puta falta que hacen. De la plancha, al gaznate, del grill a la boquita de piñón. Y ya puestos, ¿para qué esa mierda de tenedor abultando en la mesa? ¡Palillos! ¡Fabulosos palillos higiénicos envueltos en su papelito que no te cuestan ni un euro porque los robas de la cafetería! ¡Sanos, asépticos, desinfectados, desratizados palillos, sin restos de lametones de cucudrulus ansiosos que acaban de dejar de serlo, porque han comprobado el futuro que se les viene encima, o debajo, y ya se están haciendo el harakiri en la cocina!

-Pero la Raclette hay que lavarla.
-Te has pasado, listillo. No lo recomiendan. Lo dice bien claro el libro de instrucciones. Las diferencias bruscas de calor pueden romper la piedra de la plancha, el agua puede dañar las resistencias. Hay que dejar que la cosa se enfríe lentamente. ¡Excusa genial, coartada perfecta! Al día siguiente, la puñetera resaca te impide ver si Ella está limpia o sucia, solo te interesa que esté caliente, la enchufas, rascas un poco con la paleta para que no se diga, y verás cómo Ella, siempre solícita, dejará que le hagas encima una hamburguesa, mientras abajo, con su fuego interno, va derritiendo lentamente el queso de tu pan. ¡Y qué se joda Mc Donald!


Conclusión:
En resumidas cuentas, si ella se olvida de que entres la cocina, si ella te permite que pases de lavar platos y cubiertos, si ella te cocina cómodamente en el comedor y encima, o debajo, te lo hace con las tres bes, bueno bonito y barato....¡Ella no es un electrodoméstico! ¡Es un chollo!

¿A qué esperas para casarte con ella?

Ni Rioja ni Burdeos, ni Arguiñano ni Ferrán Adriá. ¡Raclette!

Ni  Rioja ni Burdeos, ni Arguiñano ni Ferrán Adriá.  ¡Raclette!

Queridos niños y niñas, pobres míos que habéis conseguido, a saber cómo, dormir en una cama que no esté en el piso de vuestros padres:
Queridos y amorosos niños y niñas que comprobáis ahora que ya es demasiado tarde, maldición, porque a cambio de esa cama vuestra, solo vuestra y de los que queráis meter en ella, tenéis que apechugar con los daños colaterales, porque esa cama resulta que está en un piso que hay que pagar.
Queridos niños y niñas que habéis sacrificado todo en aras de esa independencia: yo soy yo y mi cama, o mi circunstancia que para el caso da igual.
Queridos niños y niñas, ya sé que a esas alturas os tengo en ascuas, y aún así en vez de elaborar una explicación racional y bien argumentada, a la manera de Aristóteles, salgo por peteneras y me arranco por Sócrates dando un circunloquio mayéutico, o lo que es lo mismo, procedo como los ginecólogos, y extraigo de vuestros uterillos impúberes la pregunta clave, de la que todos conocéis en vuestras propias carnes la respuesta. A cambio de esa cama que significa libertad, y dejando aparte el puto alquiler, aquí va la pregunta:
¿Cual es el peor precio que teneis que pagar? ¿Eh?
-Planchar camisas.
-Pero mujer, no seas hortera, planchar es un arcaísmo, ¿quién plancha hoy día, aparte de Arturo Fernandez y los del Opus?

Vamos, vamos, un poco de esfuerzo mental, que del otro ya lo hacéis y demasiado, responded a la pregunta que os repito con distintas palabras,
¿Qué es lo que más os jode, por usar un lenguaje diplomático, del hecho feliz de tener que vivir solos?
-Cocinar.
Ahí quería llegar yo, y si he tardado demasiados párrafos es por vuestra culpa, porque hoy vais lentos de reflejos. Continúo preguntando:
¿Y por qué es jodido cocinar si se trata de un ejercicio gratificante que intenta satisfacer al más duradero de nuestros sentidos, que es el gusto?
Respuesta fácil. Porque cocinar lleva anexo, terribles hados que juegan con nosotros y siempre ganan, mala puñalada les den, porque cocinar, repito, lleva implícito el tormento más terrible cuando se vive en un piso solo ante el peligro: Lavar los platos.
-¡Un lavavajillas!
-¡Pero mira que eres gilipollas, interrumpir mi bien trabado discurso con esa apostilla que apesta a Hipercor! Los lavajillas están fabricados para la gente que aun desconoce que el mejor destino de los platos es no existir, y ya que existen, no se lavan, y si se lavan, será de tarde en tarde.

Pero claro, si renuncias definitivamente a lavar los platos, si los vas eliminando de tu vida, por el astuto método de tirarlos a la basura conforme se van ensuciando, no por ello resuelves el problema, porque lo peor de lavar los platos no son los platos, sino los cacharros, y por cacharros se entiende esa variada colección de cazos, cacerolas, cacerolillas, sartenes y los numerosos utensilios de cocina que te los han ido encolomando en Ikea un sabado tonto, y como los has comprado los tienes que usar, y como lo has usado, menuda guasa, los tienes que lavar.
-Pues al lavavajillas.
-¿Otra vez esta paliza? Tengo dicho y bien clarito, por cierto, que a mis discursos o sermones paternofiliales no tolero que acudan agentes secretos de las multinacionales del electrodoméstico, pero no hay forma. Pues mira, a ver si te enteras, monín, si el lavavajillas es chungo con los platos, imagínate con los cacharros. Además, ¿sabes lo que te digo? Pareces de Madrid, porque es el único sitio de este país, o mejor dicho, de este mundo, en donde los lavavajillas funcionan con una discreta decencia, y el mérito es la calidad del agua. El resto no tiene esa suerte, y en ese resto incluyo las comarcas mediterráneas como primeras de la lista, porque aquí el agua tiene tanta cal, y quien dice cal, dice salitre, o cloro, o basura de petroleros, o residuos nucleares, por no hablar de la mierda que arrojan los millones de turistas que se tuestan en sus playas, en definitiva, aquí el agua tiene tantas cosas incluidas además de agua, que es imposible que haga su trabajo un puto lavavajillas, si es que en realidad lo sabe hacer, que esa es otra. Así que más te vale que te quedes calladito y no me vuelvas a interrumpir, porque a la próxima, te corto a cachos, te embalo en un blister, te coloco un código de barras, y mañana estás expuesto en el hiper, en la sección de charcutería.

Perdonad la digresión.
Recapitulemos.
Tenéis que convenir conmigo, y no tolero ya ni una sola réplica, que si no cocináis, es por no tener que lavar platos y cacharros, y como no tenéis ni un puto euro para comer fuera, ni siquiera el mísero menú de paletas y moritos, resulta que vais por la vida, queridos niños y niñas, con el frigo que parece un coco, porque dentro solo tiene agua, abriendo latas hasta que se os acaba la pasta, y se acaba pronto, porque las conservas está carísimas, y en conclusión, con más hambre que pepeleches, porque, claro, antes ayunar que dejar el tabaco o el cubata o el porro, faltaría más, hasta ahí podría llegar la broma, y menos mal que teneis que dar gracias al cielo por contar con una tieta previsora que os lo regala en latas de cinco litros, porque ante la ola de total desnutrición que os invade, tan sólo os queda el aceite. Pan con aceite y sal. Desayuno, comida y cena, de lunes a domingo. Pan con aceite y sal. Y en la cocina, entre las pilas de cosas por lavar, decenas de cucudrulus te observan con mirada retadora como diciendo: Acércate si tienes huevos.
¿Por donde iba?
Queridas niñas, y ahora solo digo niñas, porque no creo que los niños hayan tenido paciencia de llegar hasta aquí, exceptuando mi hijo Carlos y como sé que me resiste leyendo, le dedico este discurso a él, mi hijo, mi orgullo, mi mejor fotocopia con todo lo quería haber sido y no fui, el que los tiene como el caballo de Espartero, y digo esto con conocimiento de causa, y no ante la presión hipersensorial de un amigo común, un tal Lumumba, que me está sacando de mí todo este inmenso rollo macabeo.
Queridas niñas. Os lo pongo por pasiva. Si no tuvierais que lavar los platos y cacharros, es más si no tuvierais que entrar en esa mierda de cocina enana porque todos los pisos de alquiler accesible tienen unas cocinas que no cabe un alfiler, entonces, dibujemos un panorama idílico, ¡cómo cambiaría la cosa, ¿a que sí? Podríais comprar en la plaza unas sardinas que siempre están baratas, o unas pechuguitas de pollo, o unos champis, o preparar unos bocatitas calientes, de pan con ajo con york y queso fundido, y no sigo porque veo que se os está haciendo la boca agua, queridas niñas mías, y al decir niñas incluyo a la niña de mis ojos, mi hija Paula, la mujer de mi vida, que ella tampoco se está perdiendo esta infinita digresión, queridas niñas mías, ante esta situación, y dejo de dibujar idilios, teneis que reconocer conmigo que os encontrais ante un dilema que es un auténtico hijo de puta.
Pues vamos a romperle a ese dilema, si no los dos, por lo menos uno de sus cuernos.
Así.

La única solución para que comáis decente y caliente, barato y completo, sin pasar por la cocina y obviando el fregadero, en otras palabras, la única salvación de vuestros estómagos necesitados, la verdad de comer bien no se llama Arguiñano, ni rico rico perejil, no se llama Ferrán Adriá ni la deconstrucción del nabo al puturrú de fuá, la única verdad de todas las verdades que engloba el placer del paladar con la necesidad de una buena digestión se ha llamado, se llama y se llamará.... ¡tachan!
¡RACLETTE!


Mañana, o pasado mañana, o tal vez otro día, os explicaré por qué.

Adios, año cruel.

Adios, año cruel.

Dado que el 2004 ha sido, sin lugar a dudas, el peor año de nuestras vidas, dicho sea esto con la imparcial objetividad que me caracteriza, anuncio a propios y extraños, a tirios y troyanos, a publicanos y a fariseos, a niños y a niñas, a capitanes intrépidos y a militares sin graduación, a supermodelos anoréxicas y a gorditas de buen ver, a feministas de estricta observancia y a iconoclastas de lo políticamente correcto, a heresiarcas y a ortodoxos, a buenos, feos y malos... que nada más pasada la medianoche del 31 de Diciembre y como saludo de bienvenida al 2005, celebraré en mi augusta mansión una colosal e inédita “lumumbada” a la que acudirán todos aquellos que hayan sido furiosamente maltratados por este nefasto año, una vez superados, claro está, algunos breves pero necesarios trámites privados vía e-mail. Podéis apuntaros en este blog.
N.B. Para saber qué es una lumumbada, ver comentario del 29-11-04

Se admiten firmas de adhesion solidaria y de protesta cívica, contra una injusticia flagrante, cometida, con alevosía y anonimato, por una peña de impresentables que mejor estarían escardando cebollinos en Bucaramanga, sin ir más lejos.

Se admiten firmas de adhesion solidaria y de protesta cívica, contra una injusticia flagrante, cometida, con alevosía  y anonimato, por una peña de impresentables que mejor estarían escardando cebollinos  en Bucaramanga, sin ir más lejos.

Paula, vuelve.
No te dejes llevar por los integrantes del comando basura, que no quieren que estés cada día en la red haciéndonos la vida más agradable.
Los imbéciles que te han obligado a clausurar esa casa abierta,limpia y acogedora que era tu blog, no pueden cantar victoria tan facilmente.
La copa de europa es tuya.
Y tú, Paula, eres única.
No te dejes influir por unos nefastos émulos de Guillamet.
Reacciona.
Planta cara.
Vuelve.
Porque, entre otros muchos motivos,
no sabemos vivir sin tí.

cuestión de vejiga

cuestión de vejiga

Datos inequívocos de la Comisión 11-M.
Aznar: Más de 11 horas declarando.
Zapatero: Más de 14 horas declarando.
Conclusiones.
Lo importante no es lo que digan los líderes políticos,
sino cuanto tiempo aguantan sin mear.

vuelta

vuelta


Chablis Grand cru -Blanchot, Bougros, Les Clos, Grenouilles, Preuses, Valmur, Vaudésir- (blanco), Chambertin, Charmes-Chambertin, Mazoyères-Chambertin, Griotte-Chambertin, Ruchottes-Chambertin, Chapelle-Chambertin, Chambertin-Clos de Béze, Latricières-Chambertin, Mazis-Chambertin, Clos-Saint- Denis, Clos-de-la Roche, Clos-des-Lambrays, Clos-de-Tart, Bonnes-Mares, Musigny (tinto y blanco), Clos de Vougeot, Échezeaux, Grands Échezeaux, La Romanée, La Romanée-Conti, Romanée Saint-Vivant, Richebourg, La Tâche, La Grande Rue, Corton(tinto y blanco), Corton-Charlemagne(blanco), Chevalier-Montrachet (blanco), Bienvenues-Bâtard-Montrachet (blanco), Le Montrachet (blanco), Bâtard-Montrachet (blanco), Criots-Bâtard-Montrachet (blanco).


He vuelto,
pero mi paladar se ha quedado en un rinconcito borgoñón,
entre La Romanée y les Grand Echezaux.
Todavía estoy demasiado allí,
como para escribir sobre el viaje y sus sabores.
Cuando recobre mi serenidad,
te prometo una larga carta, Carlos.
Quien avisa no es traidor. Es avisador.

evasión

evasión

Me voy a la Borgoña a emborracharme de vino caro.
Igual no vuelvo.

Moscatel Reserva de Familia de López Hermanos. (No pienso parar, Carlos)

Moscatel Reserva de Familia de López Hermanos. (No pienso parar, Carlos)

Me gustaría estar esta noche en compañía de unos cuantos buenos amigos de esos que ponen sus cinco sentidos, su inteligencia y su imaginación en hacerle un homenaje al mejor invento humano en todos sus siglos que es el vino, y me gustaría estar con ellos en la Axarquía malagueña, esa comarca morisca que se deja caer desde los montes al mar, con unos pueblos blancos que da gloria verlos, y un montón de viviendas enclavadas en las montañas como si fueran casitas de Belén, la mayoría de ellas compradas hace tiempo a precio de ganga por los turistas extranjeros que conocen mucho mejor que nosotros donde está lo mejorcito de nuestra tierra. Pues bien, de la Axarquía, viene la uva que hace posible el Moscatel Reserva de Familia de López Hermanos.
La moscatel de Alejandría es la gran uva Mediterránea, amiga de olivos y naranjos. Se podría hacer la Ruta del Moscatel, desde Málaga a Tarragona. Una ruta turística, medio mora, y antes que mora, romana, porque este vino enamoró por su suavidad a los Césares, que no tenía complejos y a los Califas, que sí los tenían, pero que supieron con buen criterio compaginar el Corán con este vino, considerándolo como jarabe medicinal y no como incitación al pecado. Los talibanes de entonces, más sensatos que los de ahora, respetaron esta interpretación y gracias a ello, se mantuvo el cultivo de esta viña y el amor a este vino.
Desde su fundación en 1885, López Hermanos es la gran bodega malagueña, con una capacidad de elaboración de 6 millones de litros. En mis tiempos mozos, cuando de madrugada en las playas malagueñas se pescaba al copo aquellos chanquetes, hoy prohibidos, o peor aún sustituidos por un no sé qué, que no sé de donde viene, pero que solo sé que no sabe a nada, cuando Málaga compaginaba su condición de capital cosmopolita de la Costa del Sol, con el sabor popular de unas tabernas donde se tomaban conchas finas y choricillo al alcohol, en aquellos tiempos felices y desgraciadaente lejanos, cerrábamos la pitanza con una copita del vino más famoso de López Hermanos, el Málaga Virgen, que nos dejaba el cuerpo de rey, a pesar de ser gritar Viva la República. Claro que habíamos sido criados en la adolescencia, con otro producto rey de la misma bodega, la Quina San Clemente, porque daba muchas ganas de comerrr, y eso, al final, acabó dejando en nuestro cuerpos serranos una buena huella.
Siendo una bodega señera de Málaga, López Hermanos tiene vinos populares y muy selectos. Hace unos años yo quedé literalmente obnubilado cuando probé su Seco Trasañejo, uno de los mejores málagas viejos que he probado en mi vida, y también me encantó su moscatel joven de molturación en frío, el Tres Leones, en la línea de los modernos moscateles afrutados. Pues bien este Moscatel Reserva de Familia se sitúa justo en el término medio.
De vendimia semitardía y criado en barricas de roble francés, el moscatel Reserva de Familia es un vino asombroso, por varios motivos. El primero, porque no tenemos ningún referente. El segundo, por su color, más dorado que el moscatel joven. El tercero, por su aroma, donde junto con la fruta resplandece la madera y sus matices ahumados. El cuarto cuando notamos, en boca, la estructura de un vino de crianza que matiza la dulzura de la moscatel, dejando un gusto final, largo y persistente donde resplandece la fruta.
El resultado es un vino especialmente generoso, complejo y muy adictivo. Catorce grados y medio que no te dejan indiferente. En definitiva, un vino para ponerle un piso.

porno

porno

Las emisoras piratas de televisión, en este país hay la tira, utilizan las horas de la noche para poner videos porno y así encauzar la publicidad de líneas eróticas.
No tenemos nada en contra de este negocio,
pero los franceses, sí.
En más de una ocasión, el Consejo Superior Audiovisual galo se ha quejado oficialmente de que la señal de las teles piratas de Girona llega al sur de Francia y con ella el material pornográfico. Resulta que en nuestro país vecino, la emisión en abierto de este tipo de películas está totalmente prohibida.
Curiosa paradoja, añado yo.
Hace treinta años, miles de españoles cruzaban la frontera para ver en Perpignán películas verdes.
Ahora sucede todo lo contrario.
Como se puede constatar, la historia se repite, pero, eso sí, a veces en dirección contraria.

Lumumba. (Tercera parte. La genialidad)

Lumumba. (Tercera parte. La genialidad)

El médico se lo había dicho alto y claro: nada de humos. Sus pulmones no podían aguantar tantos y años en los que se lo había fumado todo. Se lo tomó mejor incluso de lo que pensaba. Aguantó perfectamente el síndrome de abstinencia de la nicotina. Pero echaba de menos aquellas tardes de fin de semana, que aprovechaba para viajar por utopías, nubes y sonrisas, bien acompañado de la hermana María, cuyos humos lo envolvían como una amante fiel, segura, constante y puntual. También tendría que decirle adiós a ella, desgraciadamente. Pero alguien le dio una idea: Si no puedes fumártela, cómetela. Se documentó sobre el particular, aprendió por ejemplo que el principio activo de la planta es liposoluble. Había que disolverla con grasas, como la mantequilla, de ahí la afición a confeccionar pastelitos con ella. Pero él no pensaba en comida, pensaba en bebida. Hasta que se hizo la luz, y aquel viejo y olvidado Lumumba renació poderosamente de sus cenizas, aunque ha cambiado algo de look, ahora se parece más a Bob Marley que a un revolucionario africano.
Receta: Calentar a fuego lento un vaso de cacaolat con una cucharada de azúcar. Desmenuzar la planta, la misma dosis que antes se fumaba, y darle un par de hervores sin dejar de remover. Colar el cacaolat ya reforzado y echarlo en un vaso largo con abundante hielo al que se le añade un generoso chorro de brandy jerezano.
El resultado es un puntito muy saleroso. Más suave y menos instantáneo que en la forma tradicional de ligar con María, pero mucho más largo y continuado. Es un cuelge Duracell, que dura y dura y dura.
Y mientras tanto, el pobre Lumumba, mirándonos con envidia desde su cielo comunista.

Lumumba. (Primera parte: el hombre)

Lumumba.  (Primera parte: el hombre)

El 2 de junio de 1925 nace Patrice Emergy Lumumba, revolucionario y luchador por la independencia del Congo belga.
Tras haber permanecido en prisión dos años acusado de un fraude, en 1957 sale de la cárcel y decide afiliarse al movimiento independentista de su país, colonia belga. Un año después, crea el Movimiento Nacional Congoleño y en poco tiempo pasa a ser principal impulsor de la independencia del Congo.
En su calidad de político acudió a diversos foros para pedir la autonomía de su país. Este hecho se lograría el 30 de junio de 1960, fecha en la que se declaraba República Independiente. En estos días se convocan elecciones y es elegido como presidente del Consejo. Partidario de las ideas comunistas, sufrió la oposición de Mobutu, quien terminó por destituirle del poder.
El 5 de septiembre de 1960, el presidente Joseph Kasavubu destituyó a Lumumba y a seis de sus ministros. Pese a ello, el gobierno belga, aún influyente en la joven nación independiente, presiona a las autoridades constituidas en Leopoldville para alejar definitivamente a Lumumba del poder.
El 27 de noviembre, Lumumba escapa de su casa e intenta llegar a Stanleyville (Kisangani), donde su colaborador Antoine Gizenga estaba reagrupando a las fuerzas izquierdistas. El 2 de diciembre, la ONU ordena a sus tropas que no protejan a Lumumba, que es buscado por los soldados de Joseph Mobutu, un sargento ascendido a coronel por Lumumba, a quien había nombrado Jefe del Estado Mayor del Ejército seis meses antes.
A finales de diciembre de 1960 y principios de enero de 1961, la victoriosa ofensiva izquierdista pondrá muy nerviosas a las autoridades tanto del Congo como de Bélgica. El fracaso de Mobutu en la reconquista de Bukavu (Kivu), tomada por los lumumbistas el 25 de diciembre, tendrá como reacción un telegrama enviado desde Bruselas en el que se subraya la «muy especial atención» en «las consecuencias desastrosas de la liberación de Lumumba».
El 13 de enero de 1961, el líder nacionalista fue detenido en Thysville (Mbanza-Ngungu), al sublevarse parte de la guarnición. Manifestaciones de la multitud en la capital a favor de Lumumba precipitaron los acontecimientos. Bruselas decidió entregarlo a su peor enemigo, Tshombé. Fue conducido en avión a Elisabethville (Lubumbashi) el 17 de enero, junto a su ex ministro de Juventudes y Deportes, Maurice Mpolo, de 32 años, y el ex vicepresidente del Senado, Joseph Okito, de 50 años.
Durante las varias horas de viaje en avión fueron maltratados, lo mismo que durante la tarde de ese día en prisión. Esa misma noche fueron asesinados. En este momento se declaró una guerra civil que finalizó en 1965. En este año Mobutu dio otro golpe de Estado y subió la poder. En 1971 esta República se denominó Zaire.

Lumumba. (Segunda parte: el cóctel)

Lumumba. (Segunda parte: el cóctel)

Bien porque eramos todos unos rojos, por lo menos de corazón, o bien porque Patrice Lumumba había dejado un poso de simpatía, lo cierto es que al poco tiempo de su muerte, fué bautizado con su nombre un curioso cóctel que llegó a tener bastante aceptación. Quien fuera el que se le ocurrió llamar Lumumba, a la mezcla de cacaolat, hielo y brandy tuvo un acierto más que sobrado. El cóctel no se puede considerar en sentido estricto una creación, algo parecido y más sofisticado te lo hacían en los bares pijos, donde en vez de colacao utilizaban el licor Mozart de chocolate, y algún brandy curioso como el de albaricoque, todo ello reforzado con una cucharadita de cacao molido , pero lo bueno del “lumumba” era su simplicidad, a la que se añadía una cualidad que le habíamos adjudicado, tal vez un poco alegremente, la de ser una bebida mataresacas, y de hecho la reservábamos para el final de la gran juerga, a modo de desayuno alcohólico, antes de dormir la mona. Incluso en invierno, había quien dejaba el hielo para mejor ocasión y pedía el cacaolat caliente, con lo cual, el lumumba se transformaba en un carajillo de chocolate.
Luego, un día, nadie sabe ni cómo, ni cuándo, ni por qué, el "lumumba" pasó a la historia.
Hasta que alguien, con intuición de artista, lo rescató del río del olvido para convertirlo en algo alucinante.
Pero ésa es otra historia.
(Continuará)

gritos

gritos

Siempre creí que gritar, relaja,
De vez en cuando, en la redacción, suelto a todo pulmón una sarta de interjecciones que asombra los más novatos e inmediatamente sonrío para que nadie piense que estoy de mal rollo.
Es una forma de aliviar la tensión.
Pero mira por donde, alguien ha hecho de esta costumbre mía un buen negocio. Se trata de dos tipos más listos que el hambre, que han montado una empresa, STOP-STRESS y una técnica, la "Terapia del aullido". Los que aspiran a nota y no reparan en gastos, pueden acceder además a la "destructoterapia" (¡Toma ya!), donde provistos con un martillo pilón, destrozan televisores, coches, o lo que estén dispuesto a pagar.
¡Y yo, haciendo el gilipollas y gritando gratis, cuando podía forrarme haciendo de gurú de una escuela de relajación mental!

Espinita. (nueva letra)

Espinita. (nueva letra)

Chavez que me estás matando
Por ir alabando a mi Jose Luis.
Si se entera Bush, verás
el capón que nos atizará
Bush es como una espinita
que se está clavando en mi Jose Luis
Chavez que me estás matando
Calla y largate pronto de aquí.

Los matices del vino. (Toma nota, Carlos)

Los matices del vino. (Toma nota, Carlos)

El diccionario define el concepto de matiz, aplicándolo a diversas disciplinas. A la Pintura, y así los matices son las diversas gradaciones que puede tener un color. A la Literatura, en donde se considera el matiz como el rasgo de expresión en la obra literaria. A la Música, que considera el matiz como el distinto grado de intensidad que se puede tener un sonido. A la Filosofía, donde el matiz es el aspecto que da un carácter determinado a cualquier argumento. No es, por tanto, extraño que una palabra como matiz, tan bien relacionada con las bellas artes, case bien con el Vino. ¿Que tipo de matices podríamos aplicarle? Podría ser, perfectamente, el pictórico. No solo hay vinos blancos y tintos, rosados y dorados, verdes y claretes. Hay también vinos velazqueños y vinos picassianos, vinos goyescos y vinos dalinianos, vinos alargados como las figuras del Greco, o místicos como las Inmaculadas de Murillo. Claro que también podríamos hablar de los matices del vino, con criterio musical. Si un gran tinto de la Ribera del Duero, o un Chateau de Burdeos, son una sinfonía, los vinos de Rioja nos ofrecen las diversas variaciones de los conciertos, luego hay vinos donde la equilibrada combinación de las distintas uvas tienen la perfecta armonía de un cuarteto de cámara, por no hablar de los monovarietales, que se asimilan perfectamente a las sonatas. De violín, en los afrutados blancos, de piano en los arómaticos tintos. Me diréis que estoy haciendo literatura. Claro que sí. Y con ello se demuestra que también es aplicable al vino el matiz literario. Pero mejor será imponer un poco de rigor, que habrá tiempo para el barroquismo, así que bueno será aplicar el criterio filosófico y desarrollarlos matices del vino, como si fueran las diferentes características diferenciadoras con que el hombre, desde que se hizo agricultor, ha elaborado al zumo fermentado de la uva.
El vino es un homenaje a la pluralidad. Está lleno de variedades. Cada variedad es un carácter. Cada carácter es un matiz.
Fijémonos en Andalucía. Esta tierra bendita, siempre fué tierra de paso, y personalmente creo que la causa de este incesante trasiego de forasteros, desde los tiempos de Noé, no ha sido tanto la geografía cuanto la enología. El vino fué el primer y más decisivo aliciente turístico de su historia. Los fenicios, que sabían muy bien lo que valía un peine, fueron, tal vez, los primeros guiris que se acercaron a tierras jerezanas para cambiar sus baratijas orientales por su ya codiciados caldos. Los moradores de aquellas tierras albarizas, castigadas por el sol, y refrescadas por la brisa marinera, tenían que elaborar unos vinos de mucho grado y de mucho cuidado. Bien que tomaron nota las generaciones posteriores, sobre todo, los romanos que consideraron la provincia Bética como la bodega del Imperio, y hasta cuentan que el mismísimo Julio César, entre victoria y victoria de sus legiones, como reposo del guerrero y regalo del catador, había montado casa, viña y bodega en Jerez, como si fuese un Osborne cualquiera.
Bien mirado, hay bastante matiz imperial en los vinos jerezanos. De ahí que tanto contribuyera, primero a la formación y engrandecimiento del Imperio Británico, y después al consuelo de su decorosa liquidación. Analizada la historia entre copa y copa, cuando el almirante Rocke toma Gibraltar en 1704, lo hace pensando en intenciones ulteriores. Estoy plenamente convencido de que los hijos de la Gran Bretaña entraron por Gibraltar, con el ánimo de aquel de la copla, que iba con su jaca, galopando y cortando el viento, caminito de Jerez, para convertirla en colonia británica, y quedaron frenados con el tratado de Utrecht. Claro que lo que no pudieron conseguir por la fuerza de las armas, lo alcanzarían posteriormente por la colonización comercial, y por la saga familiar. De ahí que el sherry sea el producto más genuinamente británico, después de su casa real.
En cualquier caso, el nombre de Jerez procede de los árabes, una civilización abstemia por principios, pero no tanto por realidades, y a ellos hay que agradecerles la infidelidad a sus creencias, dado que potenciaron, cultivaron y degustaron los vinos andaluces. De aquel Sherisch mahometano al Sherry británico, ha pasado mucho tiempo, y han aparecido y desaparecido muchas modas. Pero el Jerez sigue.
Como verán, con más desparpajo que erudición, he repasado la historia, observándola bajo el matiz del vino. Hay una cultura del vino. Felizmente no existe una cultura del licor de kiwi, ni falta que hace, aunque sí estamos viviendo una anticultura de la cocacola, que potencia la comida rápida, (¡Absurda contradicción, la comida o es lenta o no es comida!), el desprecio al paladar y los combinados de garrafa. El Vino exige otro matiz en quien lo saborea. Requiere ánimos pausados, conversaciones distendidas, y paladares decididos a probar de todo un poco, o "nequid nimis" -"de nada, demasiado"- que dirían Horacio, Virgilio y su panda de epicúreos.
Aplicando el criterio filosófico a la palabra matiz, podríamos decir que la cocacola es cínica, y el vino es epicúreo. Es difícil compaginar lo epicúreo, con los tiempos tan cínicos en que vivimos. El cínico no cree en otra cosa que en los resultados inmediatos, mata el tiempo en vez de disfrutarlo, de ahí la abundancia de comidas y bebidas light. El vino no entra en la onda, un tanto clónica, de bebidas ligeras y en muchos casos un tanto amaneradas. El vino nos anima a entrar en un mundo un tanto romántico y a contrapelo, un mundo en donde aún queda buena gente que hermana saber y sabor, que prefiere sonreir a invertir, conversar a especular, que agarra el día y vive el presente en la plenitud de la amistad.. Goethe, que le gustaba tanto el vino como el amor, dejó escrito lo siguiente: "Una muchacha y un vaso de vino curan todo mal, y el que no bebe y no besa, está peor que muerto"
Pero también el vino casa con la religión. Los Evangelios nos muestran a un Jesucristo, como un milagroso enólogo que en unas bodas convierte el agua en vino, y después de su última cena de amistad, en un notable catador que asimila el vino de su copa a su propia sangre.
Los enamorados del vino... !Cuánto le debemos a los monjes! En las montañas riojanas, recluido en el monasterio de San Millán de la Cogolla, Fray Gonzalo de Berceo, el padre prior de la lengua castellana, escribía sus obras en "roman paladino", y hacerlas rimar con "un vaso de bon vino". En la Edad Media, allá donde había una Iglesia o un Monasterio, proliferaban los viñedos y las bodegas, donde se elaboraba el vino de la misa, la fiesta cristiana. Son los monjes los primeros científicos del vino, los primeros viti-vinicultores, Debemos a los monasterios la crianza y el envejecimiento del vino en bodegas. San Bernardo cavaba, podaba y abonaba las viñas. San Martín las plantaba. Los cistercienses dedicaban seis horas de trabajo cotidiano a la vid y al vino. San Benito, en la Regla para su Orden Monástica, aconsejaba: "Vale más tomar un poco de vino por necesidad que mucha agua por avidez". No es extraño pues, que muchos historiadores consideren que la contribución de los monjes a la viti-vinicultura es uno de los mayores servicios hechos a la civilización occidental. !Con estos antecedentes, quién se atreve a negar que el vino es cultura!.
Pero hablemos de los matices literarios: El vino es poesía: Rubén Darío, siguiendo el consejo de fray Gonzalo, tenía una bella ánfora llena de regio vino, para darle fuerza y calor a sus cantos. A don Antonio Machado un vino risueño le dijo el camino, ese que se hace camino al andar. Pablo Neruda se maravillaba de su color: Vinos con pies de púrpura o sangre de topacio, vinos color de día, vinos color de noche. El Vino es amistad, es mesa compartida, es mano abierta, sonrisa acogedora. Los antiguos persas utilizaban la misma palabra que denominar Vino y Vida, y no les faltaba razón. El vino alegra el corazón del hombre, alegra el sendero del peregrino, regala felices sueños a Noé, y eleva a Baco al Olimpo de los dioses. El vino es el corazón de la fiesta, que nació en el preciso momento en que el hombre cultiva la tierra, se enfrenta a su misterio y descubre su espíritu. San Pablo lo definió como "Obra de Dios" y el Doctor Pasteur, más comedido, lo consideró como la más sana e higiénica de las bebidas, y este matiz sanitario, ahora es conveniente recordarlo, cuando muchos cardiólogos consideran que una copa de buen tinto, es una excelente medida de prevención contra las enfermedades cardiovasculares, y no faltan psiquiatras que olvidando los barbitúricos, recetan una copa nocturna de tinto de reserva, para curar el insomnio, y asegurar un sueño feliz.
No exagero, por tanto, si afirmo que si algo somos y algo ha hecho la civilización occidental a lo largo de los siglos ha estado fundamentada, cuando no provocada, en los ritos de la vendimia, en el misterio de la fermentación, en la quietud de las bodegas, en el placer de compartir una copa, en definitiva en todo aquello que hoy, con todo derecho, se llama la cultura del vino. Como tampoco es desaforado considerar que nuestra civilización ha sido el cumplimiento de una profecía bíblica, la respuesta a una pregunta que se hace el Libro Sagrado del Eclesiástico: "¿Qué vida tiene aquel a quien le falta el vino?” La Biblia también nos habla del primer vendimiador: Noé, que tras el diluvio, lo primero que hizo fué plantar viñas, y embriagarse con su mosto. Dice la Leyenda que el Arca se posó en el monte Ararat, el más alto de Turquía. Científicos soviéticos hace años que descubrieron, entre restos de madera que parecían de una gran nave, fondos de grandes vasijas que contenían posos de vino fosilizado.
Hay por tanto un matiz arqueológico en el vino. Los estudiosos de la prehistoria han demostrado que, cuando el mono apareció en Africa, toda nuestra Europa estaba llena de vides, esperando con el paso de los siglos, la aparición del hombre, que con paciencia y esfuerzo, las transformara con el cultivo y la vendimia. Para conservar la fruta, el hombre primitivo la prensa con piedras o leños. Luego la Naturaleza la fermentaría y convertiría el mosto en vino, el azúcar en alcohol, la fruta en delirio, la realidad en misterio.
Los químicos reducen el proceso de fermentación a una fórmula, que me resisto a transcribir. A mi juicio sería atentar gravemente a los matices del vino. La fermentación es una Obra Maestra de la Filosofía, porque entra de lleno en el Misterio, así, con mayúsculas. El primer misterio es la fecundación: la semilla que se hace fruto. El segundo: la fermentación: el fruto que se hace vino. El Tercero: la Transformación: el Vino que se hace Fiesta. En el primero, el protagonista es la Tierra. En el segundo, el protagonista es la Uva. En el Tercero, el protagonista es el Vino. La Fiesta nace en el corazón del hombre, a la vera de los dioses, en torno a los mitos, y ante la presencia del vino. Los acadios, los sumerios, los hititas, los asirios, los hebreos, los egipcios, ligan este líquido embriagador con lo religioso, y es la isla de Creta, la que lo bautiza definitivamente. El misterioso zumo fermentado de la uva se llamará "Oinos", vino.
De la arqueología a la historia. La civilización occidental nace en el Mediterráneo, alrededor del vino. En torno a la vendimia, los griegos crean la fiesta dionisíaca, en honor de Dionisos, o Baco, el Dios Enólogo. Recogen con ello todo el legado de mitos y creencias, que han convertido el vino en uno de los alimentos más simbólicos, en un elemento fundamental de sacrificios y oblaciones. La embriaguez se convierte en un sinónimo de transporte espiritual, de euforia sagrada, y a causa del exceso, de posesión diabólica. El vino es desde esta perspectiva un símbolo y una herramienta de conocimiento y de iniciación, un medio de comunicación con el infinito, con lo insondable. A la embriaguez ritual los griegos la llaman entusiasmo, o lo que es lo mismo, endiosamiento, rapto divino.
La leyenda helénica afirma que los dioses crearon el vino por amor a los hombres, para hacerlos más felices. Ese atributo amoroso del vino lo convierte en una bebida de comunión con la Naturaleza, a través del rito de la vendimia. Y así nace la fiesta. Retrocedamos miles de años, pero sin cambiar de paisaje. Puede ser que, en un día como hoy, los primitivos habitantes del Penedés, o de la Rioja, del Duero o de Galicia, de La Mancha o Andalucía, de Jumilla o de Cariñena, por no decir de Creta, de Salerno, de Sicilia, de Burdeos o Borgoña, se reunieran para celebrar la vendimia feliz. Y mientras el vino experimentaba la primera fermentación tumultuosa, el Dios de las Viñas era agasajado. Primero con cánticos. Pero después a los cánticos corales, se añadieron diálogos improvisados de espectadores entusiastas. Con el tiempo, estos diálogos tendrían un guión. Había nacido el teatro. Primera gran manifestación cultural que debemos a la fiesta del vino.
Si el teatro nace en las primitivas fiestas de la vendimia, la filosofía la inventan los griegos en los simposios, en aquellos banquetes en donde el anfitrión servía el mejor de sus vinos, y alrededor de los vinos no solo se montaba la comida, sino también se creaba el clima ideal para una conversación creativa, inquieta, reveladora. Palabras como Diálogo, Democracia, Política, Análisis, Ideología, Etica, Estética, surgen en el simposio, compartiendo todos la misma copa. El simposio era la traducción laica, la versión ciudadana de la fiesta religiosa. Con la vendimia se hacía culto al Dios, con el simposio se cultivaba al hombre. Por algo escribiría, siglos más tarde, Luis Pasteur: "Hay más filosofía en una botella de vino que en todos los libros".
El vino alegra el corazón del hombre, pone alas a los pies al peregrino que hace camino, duerme feliz a Noé y exalta a Baco a la divinidad. El vino es el exacto perfil de una civilización, que nace mediterránea y se transforma en occidental. El vino es una cultura, la nuestra, la que da paciencia a quien planta, poda, cultiva y vendimia las cepas, y ciencia a quien, con sabias mezclas y trasiegos, en la quietud de las bodegas, convierte el mosto en una obra de arte.
Vinos españoles. Blancos, tintos, rosados. Vinos de aguja y esplendorosos cavas, reposo del guerrero y musa de poetas. Vinos llenos de matices. Paz Ivison, una jerezana a carta cabal, y enamorada del vino, tiene escrito un libro maravilloso, amparándose en el neo-refrán: Díme lo que bebes y te diré quien eres. Lo recomiendo vivamente a quien quiera profundizar más en los matices del vino. Con tanto sentido del rigor como sentido del humor, Paz Ivison nos recomienda un vino para cada cosa, y un vino para cada tipo: Hay vinos para el amor, como el Champagne, que tiene la irresistible cualidad de volver más bella aún la mirada de una mujer. Hay vinos de poetas, como los de Chile, que hablan de Neruda, o los de Alicante, como el maravilloso y escaso fondillón que nos recuerda a Miguel Hernandez. Vinos para beber en pareja, mirando al mar, como los blancos del Penedés. Vinos con duende nocturno: como los finos jerezanos. Aperitivos bajo el sol, como la manzanilla, o de invierno, como los amontillados. Vinos de sobremesas aristocráticas, como los oportos. Paz Ivison, incluso da un paso más en esto de matizar el vino, y nos habla de vinos proletarios, como los manchegos, vinos para funcionarios, como los tintos de Valdepeñas,, vinos para asalariados urbanos, como los vinos blancos de Rueda, vinos para banqueros, como los grandes reservas riojanas o de la Ribera del Duero, sin olvidar los vinos para jóvenes seductores, una especie de vinos para JASP (Jóvenes, aunque sobradamente preparados) que serían los vinos de California, los Cabernet y los Merlot. Hay un vino aristócrata: el Sauternes frances, y un vino zarista: el Tokay húngaro. Y hay vinos muy machos: como los de Toro o los del Priorato, y vinos para perfectas -o imperfectas, según se mire- casadas, como los Albariños gallegos, o los rosados de Navarra. Hay vinos marineros, como el Chacolí vasco, el catalán de Alella, o el gallego de El Rosal.
Así podríamos seguir. Estos son los matices que Paz Ivison ha encontrado a nuestros vinos, pero podríamos buscar más. El primer deber nuestro como ciudadanos que somos de un país que está en los primeros puestos mundiales en producción de vino, es conocerlo y amarlo. Y para ello, antes que nada, catarlo. Beber vino es un acto de civilización. Saborearlo es el signo de cultura. Descubrir alguno de sus numerosos y variados matices, es privilegio de nobleza, amen de un deber de patriotismo, y un paso adelante en el largo y a veces tortuoso camino, que cada cual hacemos hacia ese indefinible horizonte que algunos llaman felicidad."

testículos

testículos

Algunos etimologistas pacatos afirman que la palabra testículo procede del verbo testificar. Según esta teoría, testículo sería el "pequeño testigo" de la virilidad de un hombre.
Pero una costumbre de los antiguos romanos invierte el sentido, y parece que fué al revés, que el verbo testificar procede de la palabra testículo.
En los juicios, los patricios romanos que habían sido citados como testigos, juraban decir la verdad apretándose los testículos con la mano derecha. De esta costumbre romana procede la palabra testificar.

VIÑAS DEL VERO. CABERNET SAUVIGNON 01

VIÑAS DEL VERO. CABERNET SAUVIGNON 01

Un vino que dice mucho y bien de la bodega que lo concibió: Viñas del Vero, la gran valedora de la denominación de origen Somontano. El Somontano ha sido una revelación y una revolución, y ha creado adictos, entre los que me cuento. Les invito a coger el coche y hacer una excursión a Barbastro, para comprobar que esos suelos calizos, alrededor del río Vero, poseen las condiciones perfectas para el cultivo de la vid.
Aquí tenemos un ejemplo. Este vino es un varietal, y todo varietal es de por sí, un compromiso, porque refleja como en un espejo, tanto sus cualidades, como sus defectos. No hay posibilidad de aminorar la pujanza de una uva, con la delicadeza de otra. Y si encima hablamos de un vino elaborado cien por cien con Cabernet Sauvignon, ya de por sí potente y un tanto rebelde, entonces nos encontramos con un decidida vocación de excelencia.
Como a mi no me gusta saborear el vino en solitario, pues para algo se han hecho las botellas con la medida justa para compartirlas entre dos, se me ocurre recomendar este Cabernet Sauvignon del 2001 para celebrar, con alguien a quien quieras mucho, las pequeñas alegrías cotidianas, esas buenas sorpresas que de vez en cuando te da la vida. No es un vino para grandes fastos, sino para cotidianos y sinceros gozos. Y sobre todo, creo que está hecho ex-profeso para la confidencia. Los antiguos latinos acunaron el dicho In Vino Véritas. Y este vino tiene mucho de verdad. Tal vez porque ha nacido a orillas del río Vero.

snobismo

snobismo

Me cuentan que Woody Allen,
cuando estuvo en San Sebastián,
fue al restaurante Arzak
y pidió un huevo duro.
No se descarta la idea
de que Juan Mari Arzak,
en revancha,
vaya al concierto de clarinete de Woody
y le pida que toque la Gallina Turuleta.

La rumbita de Paesa

La rumbita de Paesa

A mi amigo Blanco Herrera
Le pagaron su salario
Y sin pensarlo dos veces
Se fue para malgastarlo
Una semana de juerga
Y perdió el conocimiento
Como no volvió a su casa
Todos le dieron por muerto
Y no estaba muerto, no no
Y no estaba muerto, no no
Y no estaba muerto, no no
Cuchívere, cuchívere. ¡Chívere!

Pero al cabo de unos días
De haber desaparecido
Encontraron uno muerto
A un muerto muy parecido
Le hicieron un gran velorio.
Le rezaron una novena
Le perdonaron sus deudas
y lo enterraron con pena.
Y no estaba muerto, no, no.
Y no estaba muerto, no, no.
Y no estaba muerto, no, no.
Estaba tomando cañas, leré, leré.

Pero un día apareció
Lleno de vida y contento
Diciéndole a todo el mundo
se equivocaron de muerto
El lío que se formó
Eso si que es puro cuento
Su mujer ya no lo quiere, no.
No quiere vivir con muertos.
No estaba muerto
Estaba de parranda
Y no estaba muerto, no, no.
Estaba tomando cañas, leré leré.



"El Muerto Vivo". PERET

lenguas bífidas

lenguas bífidas

El valenciano y el catalán son idiomas prácticamente iguales.
Por tanto, no existen dos idiomas. Existe uno.
¿Cuál?
La clase política dominante parece ser que va a dictaminar, por presiones extralingüísticas, que el valenciano no existe, y solo existe el catalán.
Una pregunta malvada me corroe, que rima con PSOE.
¿Qué pasaría si la clase política dominante tuviera que dictaminar, por presiones extralingüísticas, que el catalán no existe y que solo existe el valenciano?
Que Valencia entonces tendría lo que nunca ha conseguido tener hasta el momento: un valenciano, hijo de padre aragonés, líder de un partido que tiene la llave del gobierno en Valencia y decide en Madrid.
Pero hay que ser constructivo y no criticar por criticar (que rima con Partido Popular)
Propongo una solución salomónica.
El catalán no existe.
El valenciano no existe.
Solo existe el tortosí.
Y que se joda Madrid. (Esto último no viene a cuento, pero es mi grito de guerra desde hace 12 años y me encantaba ponerlo)