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Primeras semanas sin el Juanele.

Primeras semanas sin el Juanele.

Los psicoanalistas se han puesto las botas analizando por activa y por pasiva las relaciones subconscientes del hombre con su coche, y ahí cabe todo, una salida a la agresividad latente, el morro como una prolongación del pene, la velocidad como sublimación del orgasmo, y patatín y patatán.
Para mí, el coche sigue siendo masculino. No soy italiano, donde el automóvil es “la máquina”, y puestos a buscar oscuras implicaciones para alimentar a psicoanalistas en paro, tengo que decir de antemano que, por suerte o por desgracia, no soy homosexual, y el hecho de haber bautizado a mi coche con el nombre de Juanele no tiene nada que ver con el sexo del subconsciente o con el subconsciente del sexo, pues sabido es que el orden de los factores no altera el producto sexual bruto.
Chorradas aparte, el Juanele ha sido mi gran compañero de farra. Recorrí con él cinco o seis veces España, participé, gracias a él, en un montón de fiestas y de juergas, y dentro de él, dormí, bebí, follé y me entusiasmé con la vida.
Llevo unas semanas sin el Juanele y me resisto a comprar otro coche. No quiero tener algo que tenga que volver a bautizar. Me refugio en la excusa del contable, me sale más barato alquilar un coche distinto cada fin de semana, que comprar uno y cargar con los gastos de parking, impuestos y reparaciones.
El psicoanalista me diría que eso es precisamente lo que suele suceder cuando se te acaba un gran amor. Que antes de buscar desesperadamente otro que lo sustituya, hay una etapa intermedia donde uno se entrega al sexo sin compromiso, aquí te pillo, aquí te mato, aquí te tengo, aquí te dejo, tal y como se hace cuando uno alquila un coche. Se usa a tope, se devuelve y se olvida.
Igual tienen razón los psicoanalistas.
Pues que les den.

bautizos civiles

bautizos civiles

A Barcelona le gustan las contradicciones en su salsa. Asume un gobierno tripartito que es lo mismo que decir un gobierno ingobernable y goza de un alcalde poeta, que despliega la gracia de sus rimas en las Fiestas de Idem. Pero además, inventó la feria de Sevilla sin Sevilla, el Rocío sin el Rocío, de la nada hizo un Forum, y en Hospitalet, que tampoco quieren ser menos, cada año en Semana Santa, hace años que se sacron de la manga la primera -y tal vez la única- Procesión Laica, con Cristos, Vírgenes, Nazarenos, trompetas y tambores, pero sin curas y sin iglesias. Por tanto, no hay por qué extrañarse de que en Igualada hayan inaugurado la moda de los bautizos civiles. La idea de una ceremonia civil de imposición de nombre no es nueva. Se ha hecho antes en Europa. Lo nuevo es el nombre, Bautizo Civil.
Y digo yo, teniendo en cuenta que los susodichos solían ir vestidos de marineritos, ¿para cuando la primera comunión por lo militar?

No sex, I'm british

No sex, I'm british

En 1754,
Philip Dormer Stanhope,
cuarto Conde de Chesterfield
en sus cartas a su hijo
le recomendó que evitara
cualquier tipo de copulación
porque, según él,
“la posición es incómoda,
la situación, innoble
y el placer, breve”

Ave, Caesar, morituri te salutant!

Ave, Caesar, morituri te salutant!

El día que deje de vestir tejanos, comer hamburguesas, beber cocacola, ver películas de Hollywood, comprarle o piratearle programas a Bill Gates y cosas así, entonces me dedicaré a ser total, absoluta y coherentemente antinorteamericano. Como no tengo valor para renunciar a tantas cosas me conformo con asistir en silencio a las noticias que nos llegan del imperio. Calladito estoy mejor.

dos problemas etílicomatemáticos

dos problemas etílicomatemáticos

Evidentemente, el mundo está bien hecho.
Por eso yo no tengo un duro.
Porque si yo fuera rico, lo primero que haría sería invitar a un cubata a todos los habitantes del mundo.
Un pregunta me corroe, porque, claro, yo soy de letras:
¿Cuanto me costaría la broma?
Que alguien de ciencias
me dé solución a estas cuestiones.
Me gustaría saber cuanto dinero me haría falta
para darme este capricho.
Para los que aspiren a nota,
otro problema anexo.
Como evidentemente en el planeta no existen bares suficientes para atender a la vez a toda la población mundial, ¿cuanto tiempo se necesitaría para que todo el mundo, incluidos los abstemios, tuvieran el cubata en su mano?

La caixa o la vida

La caixa o la vida

El día en que exista una autovía gratis de Tarragona a Barcelona,
empezaré a creer en La Caixa.
Mientras las dos vías rápidas entre estas dos ciudades
(la máxima concentración urbana de Cataluña
y una de las más densas de Europa)
sigan siendo dos autopistas de peaje,
las dos de La Caixa,
seguiré pensando que esta curiosísima institución financiera
es una organización sin ánimo de lucro
(sobre el papel)
solidaria
(con los poderosos)
amante de las ciencias
(previo pago de su importe)
impulsora del mecenazgo
(monárquico)
protectora de la infancia
(infanta)
y, por supuesto,faltaría más, hasta ahí hemos llegado, no se confunda,
máximo poder fáctico,
sojuzgadora de políticos,
dueña de España y parte del extranjero.

respirar o estornudar

respirar o estornudar

Es de sobra conocido que al llegar a determinada edad, si te despiertas cada mañana y no te duele nada es que estás muerto. Pues bien, cuando llega el viernes, me siento inmerso en una lucha interior por culpa de este cuerpo mío que últimamente no hay por donde cogerlo. Por un lado están mis pulmones, castigados por tanto siglo de fumarlo todo, que se ensanchan de alegría, porque van a respirar aire puro, esa mezcla de pino y brisa marina donde está enclavado mi refugio interior, mi Roda del alma, con mis libros, mis dubidubis, mi adsl, mis músicas, mis vinos, los mil platos que se me ocurren cuando entro en mi cocina decorada a lo lisérgico, en fin, mi querida soledad tan llena de casi todo que me hace casi feliz. Y repito el casi, porque hay quien protesta cuando se huelen que voy a abandonar la gran ciudad. Son mis narices. Tienen narices la cosa. Tengo una especie de fiebre del heno tan oculta, que no acabo de encontrar el tipo de heno al que le tengo fiebre. Estoy hasta las narices de tanto estornudo súbito y encadenado. A lo peor de todo es que tengo alergia al puto campo, y mis narices tienen nostalgia de aquellos años locos en que mascábamos asfalto, respirabamos monóxido de carbono, bebíamos como mongoles (el doble de los cosacos) y no teníamos ganas de perder el tiempo metiéndonos en la cama para dormir, cuando se podían hacer otras cosas mucho más placenteras. Aquí quería ver yo a los políticos del talante, del diálogo y del buen rollito. A ver como concilio yo unos pulmones ecologistas y unas narices urbanitas. Se aceptan ideas.

269.457’6 kms.

269.457’6 kms.

Con estos kilómetros me ha dicho adiós el Juanele. Kilómetros que han recorrido España por los cuatro puntos cardinales. Viajes a Córdoba por Albacete o por Motilla del Palancar. Ruta de la Plata arriba y abajo, de Sanlúcar a Gijón y viceversa. Cinco veces el camino de Santiago. Dos veces los Pirineos, como el rayo, en zig, zag. Las Encartaciones, la Ruta de los Contrabandistas, el Maestrazgo, Doñana, Las Alpujarras hasta la cumbre, de pistas inverosímiles, donde están los budistas, el Parque gaditano de los Alcornocales, la Selva de Irati, la Ruta del Toro, la Serranía de Ronda, la Axarquía, la Sierra de las Nieves, las brujas de Zugarramurdi, la ciudad encantada de Cuenca. los Arribes del Duero. Querido Juanele, compañero de viaje, callado testigo de mis momentos de amor, oyente plácido y paciente de mis penas y alegrías. Te canté por Carlos Cano o por Diana Krall, y te he sentido cercano e indispensable. Ultimamente estabas muy gruñón. Sabías que se acercaba la hora de tu agonía. Mientras te llevaba al tanatorio municipal, en el último kilómetro por las calles de Barcelona, resoplabas impotente, y la mínima cuesta te parecía una hazaña. He firmado mil papeles, le entregué al funcionario la llave de tu vida, y dentro de unos días, la grúa te llevará al desguace. En el retrovisor he dejado colgados los pañuelos de las mil fiestas populares a las que fui contigo: Sanfermines, Sanmateos de Logroño, batalla del vino en Haro, Carnavales de Cádiz. Querido Juanele, amigo, hermano. Adios. Me has dejado solo, hecho un peatón desconsolado, cuando estabas a punto de cumplir 14 años conmigo. Descansa en paz en tu cielo de chatarra.

El mudo canta, las nubes se levantan.

El mudo canta, las nubes se levantan.

¿Cantará de plano, Raphaelón, retirado de la circulación, en el festival de Eurovisión
con el temido título ”Tiro de la manta, tiro del mantón”?
o por el contrario,
¿conseguirán los Tres Calaveras
hacer que Vera siga a su vera, convenciendo a Zapatero
que tire p’alante, enseñe el talante
y se le vea el plumero?
(Permanezcamos atentos al correo, porque a veces llegan cartas que tendrían que haberse perdido por el camino. Lo malo es que el jodido cartero siempre llama dos veces)

Toma nota, Paula.

Toma nota, Paula.

Comento con Manolo Martin Ferrand
el último despilfarro descubierto de RTVE.
En 1999 pagó a Jordi Gonzalez
400 millones de pesetas
a cambio de nada.

Me cuenta Manolo,
vaca sagrada donde las haya,
que el periodismo se divide en tres fases.
1ª fase. Se escribe, pero no se cobra.
2ª fase. Se escribe y se cobra.
3ª fase. Se cobra y no se escribe.

Y añadió una apostilla.
En el periodismo has llegado a ser alguien
cuando cobras más por lo que callas
que por lo que publicas.

cabrito

cabrito

Hace ya más años de lo que a uno le gustaría,
Raul del Pozo me aconsejó:
Si un día tienes tiempo, coche y ganas, vete a Jadraque.
Y uno que va de culto, le replicó,:
¿A qué? ¿A ver el Castillo del Cid, que se asienta sobre el cerro más perfecto del mundo, según dijo de él, Ortega y Gasset?.
Raúl me respondió:
Déjate de chorradas. A Jadraque se va a comer cabrito. Está de muerte.
Una vez más tenía razón el maestro.
El cabrito de Jadraque
es una sensación que no se olvida fácilmente.
Los cocineros lo preparan al horno,
con una receta que mantienen en secreto
y transmiten de generación a generación,
aunque se sabe que contiene
agua y un selecto manojo de hierbas silvestres.
Suave, meloso, delicado, suculento,
el cabrito de Jadraque es una experiencia única.
Y después de tomar el mejor cabrito del mundo,
se puede admirar mejor el cerro más perfecto del mundo
donde se asienta su fenomenal castillo.

los viejos rockeros nunca mueren

los viejos rockeros nunca mueren

Para la gente de mi quinta, “Le Nouvel Observateur” fue una ventana abierta al aire libre, en una nefasta época en que la libertad brillaba por su ausencia, y todo lo que valía la pena, sucedía más allá de los Pirineos. Uno de los atractivos de mi marcha de Andalucía y mi llegada a Barcelona, fue la proximidad de la frontera francesa. Viajes a Perpignán, a empaparnos de todo el cine francés prohibido en España que podíamos ver en un día, asalto a los quioscos de prensa con idéntica voracidad que una fanática de los grandes almacenes el primer día de las rebajas, para regresar con el placer de llevar en el brazo el último número de Le Nouvel Observateur, con la confianza de que, gracias a la incultura del aduanero, consiguiéramos cruzar la frontera con nuestra preciada joya. Y ya en casa, lectura y relectura de las firmas, algunas de ellas míticas, y muy especialmente la de su fundador, Jean Daniel. A los 84 años le han otorgado, con todo merecimiento, el Premio Príncipe de Asturias 2004 de Comunicación y Humanidades. En esta mañana asturiana, desde Oviedo, que es una ciudad para ser paseada incansablemente, me llegan ecos de aquellos tiempos en que respirar la brisa fresca de periodistas como Jean Daniel era la receta oculta para sobrevivir en el periodismo de entonces, invadido por censores implacables, propagandistas de oficio, aduladores de cámara y comisarios políticos. Hoy en otro siglo, otro ambiente y otro ámbito, también sigue vigente su mensaje, y muy especialmente cuando desde su implacable lucidez, analiza el problema actual que sacude a eso que llaman periodismo y apenas concibo esa razón. “El informador fue desplazado por el comunicador y por un consumidor-televidente que a su vez suprimió al ciudadano”. Chapeau, maestro.

Manolo Sexto o Sixto (Cámara) Pasionaria y mejillones

Manolo Sexto o Sixto (Cámara) Pasionaria y mejillones

En una de estas, me encuentro con Manolo en la reinauguración de un restaurante. Iba con Eva Orúe, mi compañera en la redacción de Protagonistas. Yo me dejaba acompañar por Jordi Estadella, amigo de farras y de charlas infinitas. Conseguimos sentarnos en la misma mesa. Pues muy bien, ahora que estamos todos reunidos, viva la madre superiora. De ahí tendría que salir algo. Y lo que salió fue un proyecto televisivo, que al final se fraguó en un programa de TV3, “Piano Bar” presentado por Jordi, con guión de Eva y Manolo. Corría el año mil novecientos ochenta y tantos. ¡Que lujo de cerebros pensantes, cuando la telebasura aún no había nacido! Claro que lo mejor de aquel programa, por cierto excelente, era su preparación. Los tres se reunían cada semana en un reservado de un restaurante distinto de Barcelona, pues tanto Jordi como Manolo eran maestros en elegir. Y como en el fondo eran compasivos, a esas reuniones solían invitarme, para que no se me pusieran los dientes largos de envidia. Se hablaba de los contenidos del siguiente programa, pero inmediatamente la conversación se encaminaba por cien mil dispersos y divertidos vericuetos. Recuerdo que un día, en la euforia etílica de la sobremesa, hicimos una relación de platos imposibles, increíblemente sibaritas. Tortilla de huevos y sesos de codorniz. Huevas de sardinillas marinadas en vinagre de Romanée Conti. Manolo, siempre genial, sugirió un nuevo empleo para satisfacer a los más exquisitos, el de cortador de lomos de mejillón. O lo que es lo mismo un experto maromo con instrumental adecuado y pulso berroqueño, que tuviera el arte de separar de un limpio tajo, la parte sonrosada y jugosa del mejillón, de esa otra zona nervuda y correosa que siempre se queda entre los dientes y dificulta la plena degustación del apreciado molusco. Lo grande del asunto es que de aquellas disquisiciones de paladares exquisitos pasábamos, en un plis plas, al análisis más riguroso de la realidad política. Ahora me viene a la memoria una fenomenal disertación de Manolo sobre el mito de Dolores Ibárruri, Pasionaria, que él desde su comunismo escéptico, asimiló a una íntegra y resplandeciente Blancanieves. Algo que reflejaría más tarde en su libro Pasionaria y los Siete Enanitos. En el acto de presentación del libro le requerí que me identificara unos por uno a cada uno de los siete. Manolo me dio una relación de nombres. Claudín, Semprún, Azcárate, Gallego..... Faltaba Carrillo. Se lo hice saber. Manolo me respondió: Carrillo nunca fue enanito. Si acaso es la bruja del cuento.

Manolo 5 el Empecinado. Y olé.

Manolo 5 el Empecinado. Y olé.

La copla. Manolo era un fanático de la copla. La investigó en dos de sus libros. Y por la copla, lo asimilo a otro gran amigo que desgraciadamente tambien nos dejó, Carlos Cano. Tuvieron algo en común Carlos y Manolo, pese a no haberse tratado en demasía. Ambos eran dos tímidos huraños que huían de las manifestaciones masivas de cariño, aunque luego en el fondo las necesitasen para dar sentido a su quehacer. Ambos tenían también una obsesión a veces excesiva por su trabajo, y no por la fama, el dinero, o el prestigio, sino exclusivamente por el hecho de estar haciendo algo de provecho. La mesa de la casa de Carlos siempre estaba llena de papeles con apuntes de posibles canciones. Nunca tuve ocasión de entrar en la casa de Manolo en Vallvidrera, que protegía como si fuese el castillo donde encerraba su más selecta intimidad, pero me la imagino así, porque Manolo era un experto en escribir a cuatro bandas, y eso se notaba a la hora de publicar, donde como solía decirse en el mundillo, aún no había terminado el crítico literario en redactar la reseña de su último libro, cuando Manolo ya tenía otro nuevo título en las estanterías. Pero estábamos hablando de la copla. Recuerdo una conversación que tuve con Manolo a raiz de Tatuaje, la inmensa copla que hizo famosa a la Piquer. La copla, me decía, es una historia. En una copla se encuentra lo esencial de una novela: planteamiento, nudo y desenlace. De la copla se puede hacer una película. El bolero, apostillaba después, es todo lo contrario. Dificilmente se puede hacer una película de un bolero que empieza sin más preambulos cantando “Bésame, bésame mucho” El bolero es un poema y no se puede explicar, hay que implicarse en él. Como buen novelista Manolo prefería la copla, aunque como buen poeta en la intimidad no pudiese vivir ni una sola noche sin tener un buen bolero a mano.

Manolo 4 (radio manolo)

Manolo 4 (radio manolo)

La relación de Manolo con Protagonistas fue larga y estrecha, como un menú de la nueva cocina. Como sucede con esta forma de comer, Manolo hubiese preferido menos variedad y más abundancia en el plato. Manolo y Luis del Olmo se admiraban y se respetaban aunque ideológicamente estuviesen bien distantes. Pero a MVM le perdía su condición de oyente pertinaz. Como todos saben, tenía columna fija en EL PAIS así que cuando Protagonistas le hizo la primera oferta, la SER intentó evitarlo y quiso ficharlo, pero el respondió que prefería Protagonistas, porque le interesaba llegar a más gente, lo cual siempre le agradecimos. Ciertamente, siempre fue un oyente pertinaz y militante de Protagonistas, y fan confeso de Hilario López Millán y sus divertidas ocurrencias sobre el famoseo, porque Hilario tiene para esto un arte y una gracia que ya quisieran muchos petardos y petardas de la telebasura. La Pompeu Fabra ha realizado una meritoria labor rescatando su ingente obra periodística. Sería interesante que ese trabajo se extendiera a la radio, o más concretamente a Protagonistas, donde de una forma entre periódica y dispersa estuvo colaborando durante unos quince años. A ver si se animan los alumnos que realizaron esta excelente investigación, (con Guillamet como jefe, para mayor mérito) Como avance, les puedo contar alguna de sus colaboraciones. Manolo nunca quiso ser tertuliano, a pesar de que se le insistió largo y tendido. Entendía la tertulia como un debate demasiado disperso y superficial. Así que prefería firmar un comentario, que llamaba la Chispa. Una vez al mes, con los cinco chisperos de la semana, emitíamos en directo un debate y esa fue la única tertulia que aceptó Manolo, algo bastante estimable, porque tenía enfrente a personajes de ideologías opuestas y colmillo retorcido, como Emilio Romero, por poner el ejemplo más lejano a su forma de ser y pensar. Además de la chispa, Manolo fue responsable de algunos espacios bien curiosos, como un Consultorio Gastronómico y Sentimental, que concibió en homenaje al consultorio radiofónico más consultorio de todos los consultorios que en la radio han sido, el de doña Elena Francis, o como una parodia de un culebrón sudamericano famoso entonces: Los Ricos también lloran. Lástima que no conservemos muchas de esas joyas. Algunas no se grabaron, y de los guiones escritos tampoco tenemos constancia, porque Manolo tenía la mala costumbre de destruir sus guiones, una vez radiados. Aún así habría que investigar a ver si queda algo. Pero sin Guillamet, claro.

Manolo 3 (intermezzo)

Manolo 3 (intermezzo)

Lo que estoy transmitiendo en todo lo que puedo escribir es que estamos asistiendo a un punto culturalmente bastante siniestro. Se nos está inculcando por parte de la cultura dominante, primero la inutilidad del saber histórico, la inutilidad de la indagación hacia el pasado y también la inutilidad de tener utopías, de pensar que las cosas podrían ser diferentes.
Si se hace un análisis del por qué estos dos planteamientos culturales llegan al mismo tiempo se ve que están perfectamente ensamblados, y te obligan a estar sólo pendiente del presente, a no juzgar nunca el espectáculo del desorden, social o económico, a no buscar de dónde viene. Como te han extirpado el derecho a analizar quién es el culpable en el pasado de esto de hoy, además la historia se queda sin culpables, que es lo que les interesa.
En segundo lugar, cuando tú dices que deberíamos organizar las cosas de una manera diferente, te dicen, oiga, usted es un utopista peligroso, ¿no se ha dado cuenta usted de a dónde nos han llevado las utopías del siglo XX? que, ¿a qué te obligan?, a aceptar lo que te dan: el orden que te dan, el mercado de trabajo que te dan, las relaciones Norte-Sur que te dan, las relaciones centro y periferia que te dan... porque si tú dices que podría ser de una manera diferente, casi cae encima tuyo el estigma de post-revolucionario nostálgico.
Por eso, para creer en el futuro hay que pensar que hay que recuperar por una parte el pasado y saber las causas de lo que estás viviendo y por otra parte ejercer el derecho que tiene toda promoción humana nueva a modificar lo que encuentra.


Palabras de Manolo, en una entrevista publicada en El Correo de la Unesco. Octubre 98.
(Continuará)

Más sobre Manolo

Más sobre Manolo

La primera vez que vi a Manolo fue en 1970. Salía de una cafetería con un buen hato de libros y periódicos. Serio, con cara de pocos amigos, y sin abrir la boca. Yo lo tenía en un pedestal gracias a sus artículos en la revista Triunfo, firmados con el seudónimo de Manolo V el Empecinado y me quedé con las ganas de cruzar una palabra con él. Hermosa época, aquella. En el Palau actuaba Ravi Shankar, el padre de Norah Jones, en el Tivoli estrenaba Marsillach su Tartufo, una crítica a los trepa que entonces todos eran del Opus (ahora la fauna ha ganado en variedad), en Sarriá vivían juntos, pero no revueltos, Vargas Llosa y García Márquez, que los podías encontrar, tan amiguitos por entonces, en el estreno de la primera comedia musical de la Trinca, Pebrots i cuplets. Carlos Barral miraba con aires de superioridad las hoscas maneras de Lara, que todavía no tenía en mente comprar todas y cada una de las editoriales catalanes. La vida era más sencilla entonces. Había que dejarse caer cada noche por algún bar de la calle Tuset, o admirar las fotos de Pomés de la tortillería Flash Flash, donde con suerte podrías ver a Romy o a la Gimpera que estaban para mojar pan, (lástima que Internet no nos haya dejado constancia de sus años mozos) o a Ricardo Bofill padre, con su mujer la actriz Serena Vergano, intentando explicar por quinta vez el mensaje de la última e incomprensible película de la escuela de Barcelona. En caso de aburrimiento y para demostrar progresía había que robar unos libros en el drugstore de Paseo de Gracia, y en verano si tenías pasta o cara, pasar un verano en Cadaqués, como pagano o mejor como invitado. Manolo, sin embargo, prefería pasear por las Ramblas, sus Ramblas, entonces pueblo puro y duro, producto nacional bruto en su más prístina esencia, observar las putas de la calle Tapias o comentar la jugada tomando un pastís en el Pastís, el único bar que continúa como entonces. Tardé cinco años en poder hablar con Manolo. Fue en una cena multitudinaria donde tuve la suerte de sentarme a su lado. Como a mis preguntas respondía por monosílabos, al final fui yo el entrevistado. Manolo me preguntó por bares, lugares y costumbres de la Costa del Sol, y yo, que aún tenía aún frescos aquellos paisajes y paisanajes, le proporcioné una extensa respuesta. Luego reconocí gran parte de aquella información en una de las novelas de Carvalho. Así era Manolo, una esponja. No desaprovechaba nada. Todo lo que veía, escuchaba o saboreaba, lo convertía, una vez digerido, en literatura.

Un año sin Manolo

Un año sin Manolo

A Manolo le veía de vez en cuando. En comidas corporativas, vulgo pesebres. Pero no en todas, en las mejores, claro. Porque a pesar de los pesares, ni su ideología, ni su morfología le impidieron ejercer de gourmet. De vez en cuando se recluía y no se dejaba ver. Una de dos, o estaba acabando un libro, o estaba a régimen, Un régimen estajanovista, de los suyos, que le hacía perder unos kilos que apenas se notaban, pero que a él le reconfortaban. De todos los encuentros con MVM, el más divertido fue hace ya bastantes años, cuando el restaurante la Dorada de Barcelona estaba en todo su esplendor. Por aquella época Manolo tenía un Consultorio Gastronómico Sentimental en Protagonistas de Luis del Olmo. Yo le consulté si podía concebir un gazpacho para millonarios, un gazpacho caro de precio. Esto sucedía muchos años antes de que Ferran Adriá concibiera en El Bulli su gazpacho con tropezones de bogavante. La propuesta de Manolo era interesante. Ilustrar el gazpacho con colas de langostino de Sanlúcar y granos de caviar. ¿Negro o rojo? ¿De esturión o de salmón? “Eso lo discutiremos sobre el terreno”, respondió Manolo. Y en compañía de Jordi Estadella o lo que es lo mismo Tito B. Diagonal, reservamos un camarote en la Dorada. Mientras llegaba el gazpacho, el maitre, que ya sabía que eramos las tres cucharas más potentes a este lado del río Pecos, nos entretuvo con las entradillas típicas de La Dorada de aquella época: chaquetes, salmonetitos, puntillitas, pijotas, adobo,boquerones victorianos, más una colosal fuente de ibéricos. Llegó el gazpacho, con los langostinos de tropezones, y dos latas de 250 gramos de caviar, uno negro y otro rojo, probamos, degustamos y llegamos a la conclusión de que con el de salmón combina mejor. Pero algo había que hacer con el caviar iraní sobrante. Jordi pidió champán, -Roderer Cristal, el suyo- para acompañar el caviar. Se acabó el caviar, sobró champán, pedimos más caviar para no dejar tan solo al champán. Se acabó el champán, sobró caviar. Pedimos más champán para no dejar tan solo al caviar. En este juego de acompasamiento, dimos buena cuenta de cuatro botellas de champán y un kilo de caviar. A todo esto, el maitre se sacó de la manga una langosta gigante que tenía reservada para casos extremos. Una vez terminada la langosta, que acompañamos con dos botellas de albariño, apareció el maitre y fué entonces cuando Manolo después de mirarlo fijamente, pronunció una frase para la historia. “Vamos a ver, ¿aquí cuando coño se come?” Menos mal que en la Dorada no faltaba capacidad de respuesta. Al poco rato, llegaron con un caldero de arroz caldoso con mariscos diversos, que Manolo saboreó con placer de patricio, mientras que Jordi y yo acabamos con más esfuerzo que otra cosa. Aún así, hubo tiempo y hueco para postres, cafés y una disertación, con degustación y controversia incluida, entre Manolo y Jordi sobre las diversidades de los maltas de la isla de Jura. Un detalle a modo de postdata. A las ocho de la tarde, nos levantamos, y salimos del restaurante. Nadie nos presentó una nota. Aún me pregunto quien pagó la colosal comida, que tendría que haber costado un ojo de la cara. Presumo que fue Manolo, pero su colosal timidez, o acaso su delicadeza, o quien sabe si su sentido de la amistad, le impidió comentarlo.

acertijo manzanero

acertijo manzanero

La otra tarde vi llover, vi gente correr y no estaba yo
Y además de ver llover yo te vi, ya ves, y no estaba yo
Y yo viendo que llovía y lloviendo yo veía
Ya lo ves que vi correr, vi gente llover
¿dónde estaba yo?.

63

63

Los años no se cumplen.
Se descuentan.
Lo que se cumple es la inexorable marcha atrás.
Esto es lo que hay.
Si no quieres caldo, dos tazas.
Por lo demás: querido Rúa que soy yo:
Feliz y melancólico cumpleaños.
Como tiene que ser.